El arte del engaño, el talento para la distracción y la apariencia, la cualidad del doble sentido son monedas habituales en la política. Engañar al elector se ha vuelto un pasatiempo, se ha convertido en un deporte nacional para grandes timadores con resolución electoral, un negocio rentable en campaña.
La reciente campaña electoral nos sorprendió no por los resultados de ésta, sino por la sobresaliente incapacidad de las “empresas encuestadoras” y sus curiosos métodos de medición de la intención de voto; ¿Torpeza extrema? o “confusión rentablemente deliberada” que respondan por ello.
En el país de la trafa, de los DVD piratas, de la marca bamba, del diploma de Azángaro se suma una nueva categoría: la encuesta electoral. Cuando la estadística se confunde con la ficción, cuando el margen de error depende de una factura, cuando los instrumentos de medición electoral en vez de generar confianza, generan escándalo; cuando tu muestra se decide en una salita con muebles de cuero, cuando las proyecciones estadísticas fallan -porque se hicieron mal o peor aún, porque no se hicieron- en ¿quién puede confiar el elector?
Se dice de la encuesta que es la fotografía del momento, ésta fue trucada con el photoshop de la plata; se dice de la encuesta que es el termómetro electoral, éste funcionó con el mercurio del dinero y midió la calentura febril del poder; se dice de la encuesta que retrata un escenario electoral; ésta fue una escenografía excesivamente decorada, con liderazgos de utilería y verdades de cartón.
La primera encuesta que registra la historia en los medios de comunicación fue realizada por un grupo de periódicos: el Boston Globe, el New York Heral y los Angeles Times en 1880 logrando un aceptable éxito con su publicación; Hoy 130 años después, con el uso extendido del Excel y otros softwares estadísticos no se puede obtener estimaciones tan diametralmente opuestas a la realidad y peor aún, tener un cinismo más grande que la catedral de Tacna para publicarlas.
Hoy puedo decir que existen tres tipos de mentiras: las piadosas, las maledicentes y las estadísticas; sea cual fuere la mentira, es sabido que ésta tiene patas cortas y que no sabe tabular. Estas encuestas sólo sirvieron como cortinas de humo, como actos de distracción, como señuelos del voto en blanco, como armas de chantaje a la realidad.
La verdad tras esas mentiras, colgadas en portadas de tabloides en kioskos de periódicos, fue descubierta superada las cuatro de la tarde al término del sufragio; Ese fue el inicio de un camino sin retorno a la realidad, muchos rostros palidecieron ante la sentencia de lo cierto, el encantamiento de las cifras convulsionó ante la crudeza de los votos; A esa hora más de un insulto destemplado debió escucharse al otro lado del celular; Era el peso de lo obvio.
Cuando tenga la oportunidad ver, leer o escuchar una nueva encuesta recordaré aquel proverbio árabe que dice “La primera vez que me engañes, será culpa tuya; la segunda vez, será culpa mía”.
Tres tipos de mentiras... genial ... entretenido y sentido jocoso con mucho acierto a la realidad... saludos mi estimado JFVM
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